“Santiago crecía embelleciéndose hacia el centro y expandiéndose por extramuros. Una calle se pavimentó con duelas de madera para que no retumbaran las herraduras y los aros metálicos de los lujosos carruajes. París era el modelo y afrancesados fueron decires, decoraciones, manzardas, tápices, pinturas y moda”. “Era común ver, que junto a una residencia de gusto refinado, surgiera la absurda casona de un PARVENU, que en aquellos años mineros no eran pocos”. Historia de Chile de Encina y Castedo.

Estamos hablando de la mitad del siglo XIX. Epoca en que la antigua aristocracia agraria dió paso a la nueva plutocracia minera, la cual, con largas estadías en Europa (Leer “Los trasplantados” de Alberto Blest Gana), llegaron a cambiar las mistelas criollas por champagne y hacer gala de todo su poderío económico.

De ese “glamour” arquitectónico queda poco. Muchas construcciones son posteriores a la belle époque,
sin embargo, la tendencia parísina perduró por varios años, incluso, hasta después del Centenario.
Aunque el estilo francés imperaba, a la arquitectura santiaguina se sumaron diferentes tendencias europeas y de otras latitudes del orbe. Total, cada cual construía y ornamentaba de acuerdo a sus orígenes y recursos.