Lleva el nombre de Yungay, en homenaje a la batalla del mismo nombre, en que Chile selló su victoria en la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana. La plaza Yungay tiene un monumento, obra de Virginio Arias, llamado “El Defensor de la Patria”. El pueblo le llamó con orgullo, hasta hoy, el “Roto Chileno”. Esto, porque los regimientos que marcharon hacia el norte, en su mayoría, iban conformados por gente con una escasa instrucción militar. Eran simples “rotos” del pueblo (Leer “Se las echó el Buin” de Jorge Inostrosa).

Sin lugar a dudas, es el barrio más emblemático del sector. Acá nunca se construyeron los palacetes parísinos como los del barrio Dieciocho, los del centro o los que adornaban la Alameda de las Delicias; siempre fue un barrio popular. Hacía 1884, Santiago era todavía una pequeña ciudad centralizada, con barrios populosos que comenzaban a conectarse con el centro por medio de líneas tranviarias. El barrio Yungay contaba con las líneas de Catedral y San Pablo.

De barrio popular, y sin perder su identidad, pasó a ser cuna de intelectuales por el remozamiento de la Quinta Normal para los festejos del Centenario, también, por el internado Barros Arana y por el peregrinar a Lourdes. El comercio se incrementó gracias a la estación ferroviaria. La recordada Estación Yungay.

Hasta muchos lustros atrás, cada 20 de enero (aniversario de la gran batalla), la plaza Yungay se engalanaba para recibir a las familias que llegaban a disfrutar de la gran fiesta del “roto”. Esta tradición se perdió por largos años, pero hoy renace con fuerza, gracias a la tenaz lucha de los vecinos por preservar el barrio.

“Cantemos la gloria al triunfo civil, que aperrados vecinos obtuvieron por Yungay”. La estrofa original no es así, sólo es un modesto homenaje a esos vecinos que lucharon duro para lograr que este barrio fuera declarado ZONA TIPICA por el Consejo de Monumentos. 170 años cumplió este barrio lleno de historia.